En palabras del autor, ética implica “responsabilidad” y compromiso con la fecunda tarea de responder a nuestra vocación en su sentido profundo. Una responsabilidad fundamentada sólidamente, desde la asunción no meramente externa o superficial, sino interiorizada y libre. (...) Todo cumplimiento que se precie resulta exigente, esforzado, y esta exigencia demanda una actitud o predisposición de fondo, no puntual sino continuada, estable y hondamente enraizada en la responsabilidad. A ello se puede añadir, en palabras de Gregorio Marañón que “sólo el amor puede hacer surgir el deber”.
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