Los largos dias coloniales fueron el escenario de una resistencia cultural, a veces sorda, a veces sangrienta, que los pueblos Mesoamericanos presentaron para preservarse asi mismo y continuar la ocupación de sus territorios históricos. Durante estos dias surgieron pintores, cantores, escritores, escultores, que imprimieron su huella en un arte pretendidamente cristiano, pero que lleva la impromta de la cultura local y de la sensibilidad de los artistas zoques. Es lo que demuestran los textos de Sulvarán y Bosch, con excelencia y claridad. El libro nos habla, en definitiva, de un tema que nos ocupa y nos preocupa. La interrelación, el mestizaje. El largo paso del tiempo nos vierte a múltiples confluencias: desde las adopciones -a la fuerza o queriendo- a las adaptaciones. Todo se interrelaciona, todo se mezcla. Uno de los últimos ejemplos artísticos, quizás el más logrado desde el punto de vista estético, es el fenomenal vinculo que se establece entre las esculturas de Henry Moore y las composiciones olmecas , en una especie de camino inverso de lo que percibimos en este libro
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la religión popular entre los Zoquetes de Rayon: Pantepec y Tapalapa
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