Lo primero que llama la atención del visitante que, atraído por la fama del monumento, se acerca a contemplar la iglesia de Quintanilla de las Viñas es el asombroso ciclo de frisos que recorren las paredes de la cabecera del templo. Ciertamente sorprende la originalidad de esta singular decoración, que parece convertir a esta pequeña ermita burgalesa en la versión monumental de una delicada arqueta de marfil. Sin duda, no existe en todo el arte altomedieval español una decoración que pueda compararse a esta de Quitanilla.
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