Los poblados de colonización significaron una interesante plataforma de experimentación arquitectónica; una suerte de laboratorio-puente entre el recurso al historicismo de la posguerra y una arquitectura más moderna de raíz orgánica. Con otdo, su valencia más destacada, incluso desde sus primeros ejemplos, fue su coherente apuesta por un regionalismo nada afectado; la naturalidad de un realismo, que con el tiempo habría de admitir, sin traumas y dentro de una lógica evolución, la tendencia a la abstracción moderna.
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