Ha sido reseñado en:
Revista de Literatura Medieval, ISSN-e 2660-4574, ISSN 1130-3611, Nº 8, 1996, págs. 241-244
Anuario de estudios medievales, ISSN 0066-5061, Nº 30, 1, 2000, págs. 519-520
Con la Crónica de Enrique IV queremos enfatizar una serie de consideraciones que hasta el momento han quedado relegadas a un segundo plano:
En primer lugar, fomentar la lectura de las crónicas de los reyes de España con un fin tanto histórico como literario y estético.
En segundo lugar, presentar a un rey desconocido, Enrique IV, con brillantes ideas políticas que atañen a la esfera administrativa, legislativa y política, que le permiten tener un elaborado programa de gobierno. Junto a la figura de gobernante, reseñamos dos notas distintivas que reflejan y configuran la personalidad del monarca: En un momento determinado, ante las insinuaciones de gastos excesivos de su contador mayor, Enrique IV le contesta: Hablaes como Diego Arias y yo tengo de obrar como rrey, en quien como espeso, todos se an de mirar y tomar dotrina.
También tiene palabras acertadas y mesuradas para solucionar un hurto, que él mismo presencia, cuando sus servidores se lo vienen a comunicar: Los ladrones, dice el rey, eran personas que lo avían menester, y pues que lo fisieron con neçesydad, mas vale que se atreviesen a lo mío que de otro ninguno, yo les hago merçed de ello, por eso no cures de buscalla.
En tercer lugar, situar en un lugar de privilegio a un cronista, Diego Enríquez del Castillo, quien supo con su obra, vinculada al modo de hacer de don Pero López de Ayala, poner de manifiesto toda una serie de novedades, entre las que destacamos de manera notoria, el intento de difundir una teoría política a medida que va narrando los aconteceres de la realeza y de la corte.
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