Que la familia ha ocupado un lugar fundamental en la Doctrina Social de Iglesia (DSI) desde sus orígenes y por derecho propio, es algo que puede comprobarse fácilmente por el lugar que ocupa la cuestión familiar en la primera de las encíclicas sociales, la Rerum Novarum. Nada más lógico si consideramos que el hombre es antes animal conyugal que animal social, como observara Santo Tomás; o mejor, que es animal social porque antes lo es conyugal. Por eso iremos viendo al hilo de estas reflexiones cómo en el origen histórico de la llamada cuestión social, localizada a principios del siglo XIX, se halla implicada genéticamente la crisis de la propia familia, sin que ello suponga desconocer o negar que al mismo tiempo la cuestión social agravó aún más dicha crisis. En todo caso, ambas crisis, social y familiar, presuponen una crisis anterior y de la cual, en la interpretación de León XIII, las otras dos no son sino manifestaciones: nos referimos a la crisis religiosa que tuvo su origen a fines de la Edad Media en Europa y cuyas consecuencias últimas se hallan en la Reforma protestante y en la Revolución francesa, con toda su larga secuencia de fenómenos políticos y sociales.
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