La figura histórica de Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona por sucesión familiar (1104-1134) y, a partir de 1109, también de Castilla y de León por su matrimonio con Urraca, hija de Alfonso VI, es una de las más destacadas de su época. Sobresale por la rápida expansión que conocieron sus reinos bajo su gobierno: conquistas de Zaragoza, Tudela y Calatayud, por citar sólo los hitos más llamativos. Suscita interés el corto período en que trató, a una con Urraca, de establecer una vasta monarquía que iba desde Galicia hasta los confines de Pallars. A todo ello se añade una importante labor como repoblador, con todo lo que ello supone de atracción de nuevos grupos humanos, concesión de fueros y organización, en general, de un territorio. La interpretación de su atípico testamento, por el que legaba sus reinos a las órdenes de Tierra Santa, constituye un verdadero reto para los historiadores.
El objeto de la presente obra es analizar los órganos y agentes de poder que permitieron a Alfonso I realizar esta labor de gobierno, partiendo de la curia regia hasta llegar a esos señores tenentes, merinos, alcaldes y justicias que lo representaban en tantas poblaciones. No se deja de lado la organización y formas de funcionamiento de esa maquinaria bélica que lo convirtió en uno de los monarcas más temidos de la península durante el primer tercio del s. XII. Todo ese aparato de poder se sostenía sobre unas bases materiales cifradas en rentas de diverso tipo cuya naturaleza e importancia tratamos de ponderar.
Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona y de Castilla y León por su matrimonio con Urraca, destacó en su época por la rápida expansión de sus reinos con las conquistas de Zaragoza, Tudela y Calatayud, y por tratar de establecer una vasta monarquía desde Galicia hasta los confines de Pallars. A todo ello se añade una importante labor como repoblador, concesión de fueros y organización de un territorio. Su atípico testamento, por el que legaba sus reinos a las órdenes de Tierra Santa, constituye un verdadero reto para los historiadores. El objeto de la presente obra es analizar los órganos y agentes de poder que permitieron a Alfonso I realizar esta labor de gobierno.
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