Ha sido reseñado en:
Alternativas: Cuadernos de Trabajo Social, ISSN-e 1989-9971, ISSN 1133-0473, Nº. 8, 2000, págs. 309-310
Clepsydra: Revista de Estudios de Género y Teoría Feminista, ISSN 1579-7902, Nº. 2, 2003, págs. 159-162
La violencia domestica, el abuso de poder por parte de los hombres y el control que estos ejercen sobre las mujeres en el seno de las relaciones interpersonales es un problema generalizado y, sin embargo, en muchos casos nunca sale a la luz. Este libro cuestiona los mitos en torno a las causas de esta cuestión y debate el papel que deben desempenar los trabajadores sociales y los agentes de seguimiento de la libertad condicional con el fin de poder atender, de una manera mucho mas coordinada y eficaz, a las mujeres, niños y hombres a los que esta situación afecta de una forma u otra. De hecho, en cualquier ámbito del trabajo social existen mujeres que han sufrido violencia y abusos, pero hasta ahora sus necesidades se han visto en gran parte ignoradas. El texto demuestra que el mal trato que los hombres infligen a las mujeres es un fenómeno universal, que ha estado siempre presente en todas las culturas y en todas las épocas. La violencia domestica, a la que tradicionalmente se ha restado importancia, ha sido admitida como un derecho masculino, como parte de lo que una mujer debe soportar en el seno del matrimonio, o como el resultado de los hábitos adictivos de los hombres. Por el contrario, hasta hace muy poco no se ha clasificado como una conducta delictiva intolerable en el seno de una sociedad civilizada. En muchos casos, el trabajo social no solo se ha equivocado al aceptar estos mitos causales, sino que ademas ha añadido otro igualmente dañino: aquel que afirma que la violencia es parte de la dinámica de la relación. Aunque no resulte fácil, es necesario abandonar este punto de vista si queremos conseguir que los hombres asuman su responsabilidad por los abusos cometidos.
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