La ciudad de Villena ha sido hogar durante milenios de los pueblos que han habitado la Península Ibérica. Su riqueza arqueológica es extraordinaria y lo prueba su maravilloso Tesoro prehistórico. La razón de esta acumulación de huellas culturales del pasado se encuentra en su situación de confluencia de caminos. Villena fue cabeza del antiguo “Camino de Aníbal” que unía la Bética con el Mediterráneo como enlace de esta ruta con la Vía Augusta romana. Ambas calzadas fueron utilizadas y remozadas por los árabes que construyeron sus dos castillos: Salvatierra y Atalaya como vigías del camino. Pero las antiguas vías apenas dejan huellas arqueológicas ya que siguen vivas, convertidas en carreteras. Su huella es toponimia, los viejos nombres de lugar conservan denominaciones antañonas que nos hablan de calzadas, arrecifes y albalates. A través de las viejas civilizaciones, que sigue siendo el nuestro.
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