El mar -siempre el mar- aparece como origen en Marmenta. Pero no funciona como un símbolo que remite a otra realidad: es un círculo, un laberinto que vuelve constantemente sobre sí mismo. Ricardo Ramos Tremolada parece insinuarnos una idea imposible en Marmenta: que el mar no representa nada más allá de sí, que el mar significa el mar, simboliza el mar y se convierte en su propia metáfora. Sin embargo, esta libertad no desemboca en el caos. Todo termina confluyendo, de manera silenciosa, en una metáfora viva, total y abierta, tan inagotable en sus matices como el propio mar.
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