En la asignatura Arte de la Alta Edad Media, estudiaremos el arte desde finales del siglo III, con la irrupción del cristianismo, a principios del siglo XII. Este periodo se caracteriza por la fusión de tradiciones clásicas, cristianas y germánicas, dando lugar a un lenguaje artístico propio, profundamente ligado a la religión y al poder político emergente. Uno de los rasgos más destacados es el predominio del arte religioso, ya que la Iglesia cristiana se consolida como la principal institución cultural. Las manifestaciones artísticas tienen una función didáctica y simbólica: enseñar la fe a una población mayoritariamente analfabeta. Por ello, las imágenes no buscan el realismo clásico, sino transmitir mensajes espirituales. Las figuras suelen ser esquemáticas, jerárquicas y cargadas de simbolismo. En arquitectura, destacan las primeras iglesias cristianas, muchas inspiradas en la basílica romana. Con el tiempo, se desarrollan estilos propios como el arte prerrománico, que varía según la región (visigodo, ostrogodo, merovingio y carolingio). En las artes decorativas, sobresale la orfebrería, especialmente entre los pueblos celtas y germánicos. También es fundamental la iluminación de manuscritos, realizada en monasterios, donde monjes copistas crean códices con complejas decoraciones, como los entrelazados y motivos zoomorfos del arte insular. El arte carolingio, impulsado por Carlomagno, intenta recuperar la herencia clásica romana, promoviendo una renovación cultural conocida como el Renacimiento carolingio. El arte románico surgirá en el norte de Italia y se expandirá por toda Europa a través de las rutas de peregrinación.
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