Gobernar la desorganización global exige, ante todo, reconocer que el siglo XXI ha roto la sincronía entre economía, política y derecho sobre la que descansaba el orden internacional de posguerra. La globalización ha generado cadenas de interdependencia tan densas —en lo financiero, lo ecológico, lo sanitario, lo digital— que los marcos westfalianos de soberanía se han vuelto incapaces de ofrecer respuestas coherentes y justas. La idea misma de frontera pierde eficacia frente a crisis que se manifiestan como policrisis: cambio climático y pérdida de biodiversidad, pandemias, inestabilidad financiera, flujos migratorios forzados, violencia geopolítica y deslegitimación de las instituciones representativas. Este libro se sitúa precisamente en ese punto de inflexión y propone leer la desorganización no como una mera falta de orden, sino como el resultado de órdenes parciales que colisionan entre sí y producen vacíos de gobernanza donde los derechos humanos y los bienes públicos mundiales quedan sistemáticamente desprotegidos.
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