No fue un ideólogo del franquismo ni un mártir de la República. Fue algo más incómodo: un superviviente. A través de su figura, Pedro M.ª Egea Bruno traza la historia de cómo una generación de académicos españoles sorteó el naufragio de la universidad liberal para medrar en las aguas turbias del régimen.
De familia modesta y carrera brillante, Alcázar compatibilizó el trabajo burocrático con la cátedra, tejió redes en los círculos conservadores y ejerció como decano en Murcia durante los convulsos años 1928-1937, cuando las aulas se convirtieron en campo de batalla entre fascistas y antifascistas. Atrapado en zona republicana al estallar la Guerra Civil, apostó por la ambigüedad calculada. Ganó la apuesta.
Con una declaración jurada sabiamente redactada en 1939, Alcázar se reinventó como víctima y resistente pasivo. El régimen le creyó -o prefirió creerle -. Lo que siguió fue un ascenso sin escrúpulos: director general de Enseñanza Universitaria, secretario general de la Universidad de Madrid, funcionario ejemplar. Cuando murió en 1958, Franco le rindió honores de Estado.
Biografía de una Universidad es, a la vez, la historia de una institución y la radiografía de un sistema: el retrato de cómo el poder intelectual se construye, se negocia y se hereda en los tiempos del miedo.
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