María de Zayas y Sotomayor y Gertrudis de Avellaneda aplicaron su talento a la defensa sin ambages de la mujer y la denuncia de la conducta masculina, excluyente y violenta. A sus méritos literarios se suma, por lo tanto, su aportación a una corriente reivindicadora de las capacidades, derechos y libertades femeninas, un feminismo todavía sin cristalizar, que anuncian ya estas dos ilustres predecesoras en sus declaraciones in propria persona, en prólogos o ensayos, y en sus propios relatos. A esta afinidad circunstancial e ideológica se suma la azarosa coincidencia literaria entre El jardín engañoso y La velada del helecho o El donativo del diablo de Avellaneda, narraciones en las que el pacto diabólico se combina con otros motivos tradicionales, el jardín en invierno y la noche de San Juan, respectivamente, para dar como resultado versiones donde la ambigüedad o la parodia anulan las implicaciones morales de la intervención del demonio. Tributarias ambas de los modelos medievales, Zayas los maneja en su Jardín con propósito ejemplarizante o al servicio de la polémica, librada por el auditorio del marco, mientras que Avellaneda se aleja en la Velada hacia la Helvecia del siglo XV, rescatando esa historia ficticia repleta de ingredientes atemporales. La tradición encierra en sí misma los resortes de las más audaces innovaciones, al menos para estas dos escritoras, artífices de reescrituras de los modelos recibidos.
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