El mundo entra en forma de imágenes, de fotografías en la pared, de periódicos, emails, recuerdos de conversaciones, libros, postales. Ahí está, fragmentado. Los fragmentos se reorganizan y se devuelven al mundo en forma de dibujo, de película. Aun conscientes de la artificialidad de la construcción, nos dejamos seducir por ella. Esto es lo que el estudio puede mostrarnos, un proceso que resulta evidente entre sus paredes, pero que puede esclarecer procesos no vistos fuera de él; un mundo que es construcción más que descubrimiento.
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