La matemática, que se hizo ciencia gracias a los griegos, empezó su desarrollo con el hombre, con sus quimeras, con su entorno, con su actividad y con sus intereses.
El hombre fue nómada, luego agricultor y más tarde ingeniero y comerciante, profesiones o actividades que le obligaron a contar, a medir tierras, a distribuir cosechas, a construir viviendas, canales de riego y a intercambiar productos y todo ello mirando al cielo, contemplando los astros para medir y prever sus movimientos no solo porque en ellos anida el secreto de su nacimiento, de su destino y de su suerte sino porque necesitaban un calendario para regir las faenas agrícolas y, además, como siempre fue religioso tenía que fijar las fechas conmemorativas de sus creencias y levantar altares y erigir monumentos funerarios.
La matemática, pues, en un primer momento ,como gran parte del saber humano, surgió o por necesidades de la vida práctica o por razones religiosas.
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