El 17 de enero de 1966 cayeron sobre una población española 4 bombas nucleares norteamericanas por un accidente aéreo. Aunque no explotaron, dos de las bombas se abrieron y esparcieron su contenido radiactivo, principalmente plutonio, por una gran extensión de tierras, casas y cultivos. Fue la materialización del riesgo llamado “necesario” de la Guerra Fría: el avión accidentado formaba parte de una flota que se mantenía en vuelo permanente para poder bombardear puntos estratégicos de la URSS en el momento, también, “necesario”. Buena parte del plutonio que se derramó sigue allí, esperando un acuerdo con los EE. UU. para una limpieza definitiva
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