La memoria generosa de quienes sufrieron la diáspora republicana, además de un magnífico paliativo para la brutal herida que supuso la guerra civil, es una vía privilegiada para que, al recuperarla, podamos retomar algnas de nuestras raíces más entusiastas y abiertas a los vientos del cambio y para deshacernos de ese encorsetamiento de la conciencia qe trajo la transición y que la vigente uniformazación del pensamiento no para de incrementar.
En este caso con los vivos recuerdos del exilio americano del escritor y profesor Carlos Blanco Aguinaga, la experiencia del exilio francés que nos relata el filósofo Manuel Ballesteros y el recuento del doble exilio, por roja y por mujer, qe Julia Vigre vivió en nuestro propio país.
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