Si Carlos Saura hubiese dejado de rodar en 1975, la decena de películas realizadas hasta esa fecha —un corpus ya muy significativo, una obra— bastaría para garantizarle un puesto de honor en cualquier historia del cine español.
Entre 1975 y 2010 Carlos Saura siguió demostrando una creatividad excepcional, con películas tan variadas que desconcertaron. ¿Qué películas «aparentemente» más diversas que Elisa, vida mía (1977) y Mamá cumple cien años (1979), Deprisa, deprisa (1980) y Los zancos (1984), por no decir La noche oscura (1989) y ¡Ay Carmela! (1990), Taxi (1996) y Goya en Burdeos (1999).
A pesar del éxito llamativo —taquillas y premios— de algunas de esos títulos como de los musicales de Carmen a Fados , la crítica ha sido por lo general muy severa con esa producción, hasta el punto de que se han difundido varios lugares comunes que cristalizan en el mito de «dos» Sauras... El presente libro se sitúa deliberadamente con respecto a este contexto de recepción polémica: encara el debate (sin tabúes, desde la admiración reflexiva) y, sobre todo, lo supera, al ofrecer una multiplicidad de enfoques sugerentes que, conjuntamente, ponen de relieve una trayectoria artística tan rica como ejemplar
págs. 7-12
El primer Saura: desarrollos, ecos, reminiscencias
págs. 13-28
Saura y el género “road movie”: análisis de Stress es tres, tres
págs. 29-46
Música y narración en Dulces horas: de la inmersión nostálgica en la vorágine del pasado a la distancia irónica de la instancia narrativa superior
págs. 47-66
págs. 67-78
El Dorado: un sueño lleno de villanos
págs. 79-94
págs. 95-112
págs. 113-138
Las películas policíacas: del cine negro a la danza de la muerte
págs. 139-150
Carlos Saura, cineasta de la temporalidad: el caso de Goya en Burdeos
págs. 151-164
págs. 165-180
Fados: representaciones fílmicas de una Iberia reunida
págs. 181-214
De la literatura al cine: el arte de la transposición
págs. 215-238
págs. 239-258
págs. 259-284
págs. 285-294
págs. 295-296
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