Desde el derrumbe del Muro de Berlín, el progresismo occidental se centra en la subversión cultural y en la revolución antropológica más que en la revolución económica. En esta nueva época, las distintas versiones de la interpretación histórica constituyen un arma política más. Así ha surgido la “memoria histórica”, que pretende reinterpretar el pasado para dominar el presente y reducir la complejidad de la historia a la dialéctica verdugos frente a víctimas. En España, la “memoria histórica” presenta el siglo XX y los primeros años del XXI como una lucha entre fascismo y antifascismo. La izquierda no sólo quiere imponer una interpretación obligatoria de la historia —con sanciones penales y económicas para los disidentes— sino erradicar también las libertades de expresión, de enseñanza y de cátedra. De triunfar semejante estrategia en España, el resto de las izquierdas europeas la copiará y se extenderá al resto del continente el enfrentamiento social provocado ya entre los españoles. En este libro, varios historiadores analizan las principales consignas míticas del movimiento “memorialista” español (el carácter espontáneo de la violencia contra los católicos, los presos “esclavos”, la dureza de la represión de la posguerra, la vinculación del régimen español con el III Reich, la amnistía como exigencia de los franquistas, el pacto de silencio en la Transición, etc.) y las desmontan mediante los datos y los hechos. Además, aportan sus testimonios un exministro de los primeros Gobiernos democráticos posfranquistas, un escritor encarcelado en los años 50 por su militancia comunista y otro autor descendiente de un intelectual asesinado en el genocidio de católicos perpetrado por la izquierda durante la Guerra Civil de 1936 a 1939.
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