Las redes masónicas prosperaron a través de las rutas imperiales de agua de los comerciantes, los buques de guerra y los regimientos militares, ofreciendo un espacio de hermandad e identidad en ultramar. La orden se expandió alrededor del Mediterráneo alcanzando al Magreb y al Imperio otomano, desde el Atlántico hasta el mar Caribe, a lo largo y ancho del mundo Pacífico, bordeando África hacia la costa de los suajilis y desde el sureste asiático, pasando por el mar de la China Meridional, hasta los imperios Qing y del Japón.
En este contexto, se consolidó el espacio portuario como el lugar de sociabilidad, inserción e identidad de los masones en ultramar. Se trató de ese lugar de continua llegada y salida de extranjeros, donde en ocasiones las lógicas racistas y xenofóbicas pasaron desapercibas en la esfera masónica y, si no lo hicieron, las dinámicas de exclusión y marginalidad socioeconómica llevaron a los grupos racializados a manufacturar sus propias formas de sociabilidad masónica.
El ideal de fraternidad masónica creó vínculos entre sus miembros que sobrepasaron largas distancias, fronteras políticas y paradigmas culturales.
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La masonería francesa y el mundo marítimo: Balance y perspectiva
págs. 21-34
Cádiz y brest: Primeras logias españolas del siglo XIX
págs. 35-73
págs. 74-90
Masonería andaluza y extranjería en el siglo xx: Miradas cruzadas y asimétricas con Hispanoamérica
págs. 91-122
Migraciones y exilios: Algunos ejemplos de las relaciones masónicas de la provincia de Cádiz y América (siglos XIX y XX)
págs. 123-145
págs. 146-188
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