Entre 1875 y 1936, durante la llamada Edad de Plata de la cultura española, Calatayud vivió también un periodo de notable vitalidad cultural. Aunque alejada de los grandes centros urbanos, la ciudad desarrolló una vida artística propia, marcada por un costumbrismo arraigado, una fuerte tradición local y una actitud abierta hacia las novedades, que eran reinterpretadas desde su identidad bilbilitana. En este contexto, Calatayud destacó por su capacidad para formar y atraer a numerosos personajes de relevancia, muchos de ellos reconocidos a nivel nacional. La actividad cultural de la ciudad —alimentada por su dinamismo educativo, su tejido asociativo y su arraigo musical y literario— contribuyó a crear un ambiente fértil donde tradición y modernidad convivieron, dejando una huella duradera en la historia cultural local.
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Plata y luz: la fotografía de José Llanas Senespleda
págs. 107-146
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