Esta historia no es más que el relato de mi vida, ya que siempre he estado relacionado con los galpones de bolsas, los caladores, los vagones, camiones y todo lo que hace al trabajo relacionado con lo que yo siempre llamé, la profesión del acopio de cereales. Pues considero que no es solamente comprar y vender cereales, dado que tiene también una arista que se relaciona con el contacto de amistad con los agricultores y por qué no decirlo, un poco de consejero y confesor de estos y sus familias, a las cuales se les asistía en todos los aspectos cotidianos, las relaciones entre ellos, la ayuda para cuidar y controlar la salud y los consejos a efectos de realizar las transacciones comerciales más convenientes.
El desarrollo de mis distintas actividades se realizó durante un largo período de cincuenta y cuatro años en que las políticas existentes en el país nunca fueron favorables para el sector agropecuario. Pese a todas las desventuras, es nuestro cariño al campo lo que nos hace hasta hoy en día mantenerlo en actividad y gracias al legado y tradiciones familiares que seguimos transmitiendo de generación en generación. Todo esto hubiese sido imposible de realizar sin los conocimientos, consejos y ejemplo de vida de mi padre, abuelos y tíos, los cuales me acompañaron durante gran parte de este trayecto de vida.
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