Humanos y espárragos silvestres han compartido durante milenios el espacio de la Sierra Morena extremeña y se han beneficiado los unos de los otros en su evolución conjunta. Los espárragos han prosperado gracias a ecosistemas creados por los humanos y, a su vez, las gentes se han beneficiado de su presencia en los campos. Antaño el interés de la planta se debía a que era un alimento muy interesante, hoy en día ir a coger espárragos se ha convertido en un fenómeno social de gran importancia que tiene que ver con cuestiones como el ocio, la identidad local, la amistad, la vinculación con el territorio, el género o la gastronomía. Sin duda alguna hablamos de la planta silvestre de más relevancia cultural en estos pueblos y en muchos otros de Extremadura.
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