Fundado en el siglo XIII como un eremitorio franciscano y sucesivamente dedicado a Santa María, San Francisco y San Pedro de Alcántara, el convento representa un ejemplo emblemático del monacato franciscano en la región. En él ingresó en 1515 el joven Juan de Garavito —posteriormente San Pedro de Alcántara—, quien daría origen a una profunda reforma espiritual dentro de la orden. El libro destaca el convento como laboratorio de pobreza, retiro y misticismo, donde se forjaron los ideales que marcaron la espiritualidad franciscana del Siglo de Oro.
A lo largo de los siglos, el convento atravesó etapas de esplendor, abandono y restauración, reflejando las propias tensiones históricas de España: la desamortización, la guerra, la pérdida del uso religioso y la posterior reutilización de sus espacios. Hoy, aunque transformado —su iglesia sigue activa y parte del edificio funciona como restaurante y hotel rural—, continúa siendo un lugar de encuentro entre lo sagrado y lo cotidiano, entre la memoria y la vida contemporánea.
En definitiva, esta obra se plantea como un puente entre pasado y presente, una reflexión sobre la necesidad de preservar los espacios sagrados como depositarios de identidad, fe y memoria colectiva.
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