La llegada del año 1938 trajo a los soldados de la República uno de sus mayores logros, tal vez el más importante de todos: la toma de la ciudad de Teruel, la única capital de provincia conquistada a los rebeldes. Pronto se demostró que fue únicamente una alegría efímera. Tres meses después no sólo habían perdido la ciudad, sino que la casi totalidad del Aragón republicano había sido ocupado por las tropas franquistas. Con ese fin habían continuado las batallas de Teruel, de Alfambra y de Aragón, que acercaron los soldados, la aviación, los bombardeos y la muerte a lugares que habían permanecido a kilómetros de distancia de la línea del frente.
El último esfuerzo de la República por cambiar el signo de la guerra
Paul Preston, José Luis Ledesma (trad.)
págs. 6-15
págs. 16-27
La batalla de Aragón: después de Teruel, ¿al mar?
págs. 56-59
págs. 28-55
págs. 80-91
págs. 44-51
págs. 52-55
págs. 64-71
págs. 72-79
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