La definitiva consolidación del concierto público no se produjo hasta que su ritual quedó aceptado por la convención social: la escucha, atenta y silenciosa, tenía como marco visual un escenario bien iluminado. Esta herencia decimonónica se ha mantenido inalterada hasta la actualidad, pero nada impide repensar estos principios a fin de promover una perspectiva estética diferente. Este ciclo de conciertos propone modificar radicalmente la iluminación que asociamos como norma a un concierto clásico, proponiendo un nuevo espectro visual que va desde la penumbra hasta la oscuridad, pasando por las sombras: de este modo, el sentido del oído se agudiza y todo un mundo de matices sonoros tradicionalmente eclipsados por la luz emergen inesperadamente con consecuencias sorprendentes.
Cerrar los ojos: una apuesta por la renovación del formato de concierto clásico
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