Antonio Mendizábal y Llorente, párroco de la villa riojana de Navarrete, canónigo de la catedral de Tarazona y gobernador eclesiástico de la misma diócesis, debe ser considerado como un representante arquetípico del clero liberal, regalista y jansenista de la primera mitad del siglo XIX. Autor de un ponderado Tratado histórico-canónico de los párrocos en dos tomos (1821 y 1836), apoyó y se sumó a las profundas reformas que afectaron a la Iglesia desde la segunda mitad del siglo XVIII que continuaron en los albores del constitucionalismo, y que se consolidaron tras la muerte de Fernando VII y el triunfo del liberalismo.
Fue sobrino y epígono del polémico sacerdote, polígrafo y político afrancesado Juan Antonio Llorente, lo cual sería esgrimido en su contra en el ominoso proceso criminal y encarcelamiento que sufrió seis años debido a su significativa militancia política en el Trienio liberal. A lo largo de su vida experimentaría las consecuencias de mantener un firme compromiso con la transformación de las estructuras eclesiásticas del país en un tiempo convulso a caballo entre el Antiguo Régimen y la revolución liberal
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