Los autores y editores de esta publicación entregan a tiempo y acertadamente a la comunidad académico-científica y al público interesado, sus reflexiones y experiencias en el tema del teletrabajo. Sin duda ellos son voces autorizadas e interdisciplinarias en la materia del teletrabajo que emergieron de rigurosas y juiciosas prácticas investigativas. Investigar y publicar en el teletrabajo, pues, es contribuir a la evolución de formas flexibles laborales que necesita el mundo del siglo XXI, que son propiciadas por los veloces y sorprendentes desarrollos de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Y se dice que es a tiempo y acertada esta entrega, particularmente por la lección inesperada que significó la declaración mundial de pandemia por el COVID-19 en marzo de 2020, en la que Colombia también se vio afectada al poner su saldo doloroso de infectados y fallecidos. Este hecho histórico literalmente paralizó la mayoría de la actividad humana en todo el mundo. Al tiempo, reiteró la fragilidad de la especie humana ante los procesos de autoorganización y embates de la naturaleza o, si se quiere, una lección de humildad ante el antropocentrismo depredador con el plantea. Eso nos ocurrió pese a los innegables desarrollos y avances en diferentes áreas del conocimiento y sus disciplinas, y con la anuencia de la imprevisión de gobernantes de turno, y de la sociedad misma, que desestimaron los alcances del virus. En efecto, la pandemia nos obligó a replegarnos a nuestros hogares y a conservar una distancia social que se prolongó en el tiempo. En ese contexto, emergió el teletrabajo –cual metáfora del ave fénix– como plan de contingencia en el desempeño laboral de ciertas actividades, entre ellas la educación (virtualidad). Por eso, esta casuística magnifica la importancia y sentido de oportunidad del libro El teletrabajo. Modalidad de flexibilización laboral. Estudios de caso colombianos. Una razón es que hoy más que nunca se torna superlativa la opción laboral del teletrabajo, toda vez que son tiempos demandantes de cambios de paradigmas en todos los sectores de la actividad humana. Y más aún, cuando estamos en plena cresta de la ola de la denominada sociedad red. Hay que hacer notar que el teletrabajo, como lo definen Torres Velásquez et al. Es notorio que el teletrabajo ha sido posible porque existe la red internet, la web, la masificación de dispositivos tecnológicos (hardware) y de aplicativos (software) y, lo que es más importante, la visión o innovación social de conectar personas con propósitos específicos de desempeñar una función laboral2. En pocas palabras, toda esta conjunción compleja hoy da lugar a insistir en que es necesario desarrollar una cultura, gestión y permanencia del teletrabajo en las organizaciones3 y ocupaciones que así lo permitan, como apuesta potenciadora que dote de sentido las capacidades tecnológicas existentes. La cultura del teletrabajo se refiere al convencimiento de las personas que conforman una organización de hacer que ocurra esta opción flexible laboral, para lo cual definen y desarrollan políticas, capacidades, actitudes y aptitudes y es más, para que esa cultura sea parte de la identidad y ADN de la organización. Lo más importante es que se dé un cambio de mentalidad y aceptación de que es posible laborar para una organización sin necesidad del desplazamiento y presencialidad del empleado, mentalidad que tiene que darse en todos los niveles. A propósito de cultura, gestión y permanencia del teletrabajo hay que decir que no se da de la noche a la mañana en una organización porque es necesario que se operen otros cambios, además del cambio de mentalidad o convencimiento de directivos y potenciales teletrabajadores, a saber: i) cuidadoso perfilamiento de cargos y personas teletrabajadoras por parte de las áreas y direcciones de gestión humana o de talento humano; ii) capacitación integral de teletrabajadores (disciplina, responsabilidad, manejo del tiempo y de herramientas TIC, comunicación, cooperación, resultados por objetivos, calidad de vida, ergonomía, salud mental, entre otros), por parte de las áreas y direcciones de tecnología, comunicaciones institucionales, gestión humana o de talento humano; iii) asistencia y acompañamiento permanente a teletrabajadores por parte de la organización desde las áreas y direcciones de tecnología, comunicaciones institucionales, gestión humana o de talento humano; iv) valoración de eficiencia y eficacia de teletrabajadores teniendo como fuente los planes de acción por cargos confrontados con los resultados y evidencias, con los respectivos planes y las acciones de mejora o de potenciación que emerjan para gestionar el conocimiento en materia de teletrabajo.
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