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Escrita y vista, manuscrita e impresa: la Monarquía de España de Pedro Salazar de Mendoza

  • Autores: José Javier Rodríguez Solís
  • Directores de la Tesis: José María Iñurritegui Rodríguez (dir. tes.), Saúl Martínez Bermejo (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad Autónoma de Madrid ( España ) en 2024
  • Idioma: español
  • Número de páginas: 427
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Jon Arrieta Alberdi (presid.), Julio A. Pardos Martínez (secret.), Eva Velasco Moreno (voc.), Héloïse Hermant (voc.), José María Portillo Valdés (voc.)
  • Programa de doctorado: Programa de Doctorado en Historia Moderna por la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Cantabria
  • Materias:
  • Enlaces
  • Resumen
    • La tesis profundiza en la Monarquía de España, compuesta en la década de 1590 pero sólo publicada en 1770, del jurista y canónigo de la catedral de Toledo, Pedro Salazar de Mendoza. Dividida en cinco libros cronológicamente dispuestos, la obra narra la historia de España desde la llegada de Tubal hasta el reinado de Felipe II, desarrollando en su seno las principales cuestiones historiográficas que afectaban a la Monarquía en el paso al siglo XVII. La investigación comienza con un análisis de estas cuestiones, empezando por el pasado mítico ligado a los orígenes caldeos, así como su reflexión sobre la aportación de los godos en la constitución histórica de Hispania. Pero sobre todo interesa estudiar la historia regnícola de la Monarquía. En este punto destaca la referencia a Castilla como un reino con leyes propias y con un pasado independiente a semejanza de los “suizos”, realzando una cultura política castellana que, a diferencia de la de otros reinos, ha sido menos atendida por la historiografía. El trabajo da pie, en primer término, a un estudio comparativo con un texto coetáneo, la Monarchia Lusytana de Bernardo de Brito (1597 y 1609). Asunto, el de la historia portuguesa no muy alejado de los primeros escritos de un Salazar de Mendoza que participó en la querella de la “successão” mediante una Allegatio que pasado los años se convertiría en el fermento de su opus magnum. Con todo, el análisis de estos dos textos habilita una mirada con mayor perspectiva de la situación historiográfica peninsular a fines del Quinientos e inicios del Seiscientos. Encrucijada en la que autores, obras y fines se contraponen y corresponden en un ejercicio de hibridismo cultural propio de aquellos efervescentes años. La edición, no obstante, de la Monarquía de España tendría que esperar a la imprenta a pesar de los numerosos intentos de su autor por llevarlo a cabo. En este transcurso se recompone la bio-bibliografía de Salazar de Mendoza, rastreando su historia textual a través del conjunto de su obra. Un recorrido que iniciado en la década de 1590 se prolongó hasta bien entrada la década de 1620. Un espacio en el éxito editorial alcanzado por él en materias como la historia sacra, las biografías de prelados toledanos, o las dignidades nobiliarias castellanas, entre otros opúsculos, componen un paisaje literario en el que su historia destaca por ausente en un contexto que fue cambiando al pasar de los años. Esquivo con la imprenta, el texto inició nueva vida tras el fallecimiento de su autor en 1629, siendo objeto de interpolación, en sus dos variantes manuscritas y de distintas apropiaciones, debates y polémicas. De entre todas ellas dejó huella en Juntas de libros y Bibliotecas que a lo largo del Seiscientos y la primera mitad del Setecientos dieron cobertura a una historia textual que se desvanecía por momentos.

      En esta coyuntura, se atiende en especial a un episodio central en el singular proceso de trasmisión textual que conoció la Monarquía de España. En concreto, se recompone la intervención de Andrés Marcos Burriel en esa historia, situándola en su contexto. Para ello se presta atención especial tanto a las preocupaciones que a mediados del XVIII atravesaba la “república de las letras” hispana, como a la trascendencia que entre ellas iba adquiriendo la tentativa de localización de un derecho castellano que pudiera decirse “español”. Y todo ello, en el marco de una comisión de archivos para la Corona que negociaba entonces un nuevo concordato, el de 1753. El saldo relativamente fallido de la operación, puesto que Burriel alcanzó a fijar una copia crítica del texto hallado en Toledo (1751-1752), no se completó con su impresión. El intento muestra una tentativa por ilustrar no solo los avatares de la historia textual de la Monarquía de España, sino también el clima cultural en el que se tanteaba su recuperación. Perfilar esa recuperación y lectura dentro de un linaje literario de corte jurídico e histórico latente en el momento inicial de la gestación de una cultura constitucional, adquiere en este punto su relevancia. La publicación, sin embargo, de la Monarquía de España llegó finalmente por otro camino y otro fue su recuperador: el librero y mercader de libros Bartolomé de Ulloa. Las particulares vicisitudes de este vendedor y redactor de almanaques antes y durante el motín contra Esquilache y su posterior conversión a la literatura regalista de distinto signo, encuadran un recorrido que desemboca en 1770. El interés mostrado por la lengua, el derecho o la historia hacen de la publicación de Monarquía de España un artefacto especial. Primero por la censura a la que fue sometido por el Consejo de Castilla vía la Real Academia de la Historia. Y segundo, y consecuentemente, con el texto finalmente editado. Este, además, conformó la cabecera de un proyecto más amplio que buscaba la publicación de una completa historia de España hasta el presente del editor.

      El cierre de la investigación se acompaña de la recepción de Monarquía de España llevada a término por distintas personalidades del fin del Setecientos hispano. Unos, como el erudito Rafael Floranes recibieron el texto como un ejemplo de un tipo de historia que debía ser no sólo censurada, sino superada por una crítica que limitase un ars historica de la que no parecía haber posibilidad de remisión en el nuevo marco surgido de la querella de antiguos y modernos. Otros plantearon el texto con miras a sus propias investigaciones, siempre centrados en el papel de Castilla dentro de una monarquía de reinos y rastreo de sus leyes y reinados como Ledo del Pozo. Y algún otro como Diego Gutiérrez Coronel y su Historia del origen y soberanía del Condado de Castilla (1785) reivindicaba la condición independiente y soberana de Castilla desde el momento postdiluviano. Imbuido de esa praxis, su texto divergía del resto de intereses de sus recuperadores o lectores. Perfilar esa doble recepción y lectura termina por configurar un paisaje en el que un mismo texto seguía inspirando distintas proyecciones del pasado en un presente en el que aún no había nada decidido.


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