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Hiding in plain sight: a non-propositional presuppositional account of slurs

  • Autores: Alba Moreno Zurita
  • Directores de la Tesis: Alberto Neftalí Villanueva Fernández (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad de Granada ( España ) en 2023
  • Idioma: inglés
  • ISBN: 9788411179416
  • Número de páginas: 167
  • Tribunal Calificador de la Tesis: María José Frápolli Sanz (presid.), Manuel de Pinedo Garcia (secret.), Andrés Soria Ruiz (voc.), Isidora Stojanovic (voc.), Claudia Picazo Jaque (voc.)
  • Programa de doctorado: Programa de Doctorado en Filosofía por la Universidad de Granada
  • Materias:
  • Enlaces
    • Tesis en acceso abierto en: DIGIBUG
  • Dialnet Métricas: 1 Cita
  • Resumen
    • Podría decirse que el miedo a no poder hablar porque siempre vamos a ofender a alguien se ha convertido en un tema de moda en los últimos años. Este trabajo es una contribución a ese debate, pero no por las razones que creen quienes han hecho de ese miedo parte de su identidad. Para mí hay una diferencia entre creer que, en las circunstancias adecuadas, casi cualquier cosa que digamos puede resultar ofensiva para alguien y sostener que en muchas ocasiones nuestra actividad lingüística entraña riesgos. En mi opinión, la diferencia estriba en que, según la primera perspectiva, es la sensibilidad de la audiencia la que tiene la culpa, mientras que en el segundo caso la atención se centra en los perjuicios de nuestra actividad lingüística. Las ideas que se discuten en esta tesis están motivadas por esta segunda perspectiva. Los principales argumentos que se desarrollan en ella no pretenden especificar con detalle qué daños conlleva el lenguaje, sino mostrar que existen daños incluso en situaciones en las que tenemos razones para creer que no debería haberlos.

      El objeto de estudio de esta tesis son los slurs y su comportamiento. En una primera aproximación, cuando un insulto se dirige a una persona por el mero hecho de pertenecer a un grupo determinado, se denomina "slur". Pero mi perspectiva de lo que cuenta como grupo objetivo exige que se le discrimine sistemáticamente en función de sus rasgos de identidad. Los rasgos de identidad que históricamente se han considerado susceptibles de discriminación han sido los relacionados al menos con la raza, el género, las creencias religiosas y la orientación sexual. Sufrir discriminación sistemática significa, a efectos de este trabajo, que alguno de los elementos que conforman la identidad de una persona le supone un impedimento para disfrutar de una calidad de vida que nos parezca razonable (Fricker 2007: 27). Se trata de un criterio que no cumplen todos los grupos objeto de derogación. Tiene por tanto sentido distinguir entre términos derogatorios y slurs, ya que para que un término se considere un slur no solo debe ser derogatorio, sino también ejercer opresión (Popa-Wyatt 2016; McGowan 2019). Esto afecta a la definición de "slur" dada anteriormente. Desde la posición que quiero adoptar, no basta con decir que los slurs se caracterizan por ser insultos que derogan por el hecho de pertenecer a un grupo determinado, sino que este grupo debe ser sistemáticamente discriminado por algún rasgo identitario.

      Hay una decisión metodológica en este trabajo que está motivada en parte, pero no solo, por esta concepción de los slurs. Como en trabajos anteriores (Moreno & Pérez-Navarro 2021a; Moreno & Pérez-Navarro 2021b), hay una decisión consciente de no mencionar ningún slurs. Una de las hipótesis en favor de las que ofrezco evidencia en esta tesis es que los slurs derogan en todos los contextos posibles. Como veremos, hay razones semánticas en las que me baso para explicar esta idea (sección 2.4). Sin embargo, también hay razones relacionadas con las características prácticas de los slurs (sección 2.3) que me ayudan a justificar esta decisión. En una palabra, las características prácticas están relacionados con los efectos que se producen en la conversación y que experimenta el grupo objetivo debido a la exposición a proferencias de slurs.

      La evidencia que ofrezco para considerar los slurs derogatorios en todos los contextos se basa en su potencial normalizador. El potencial normalizador de los slurs refiere a la facilidad con la que, en el transcurso de una conversación, puede volver a aparecer un slur que ha aparecido con anterioridad, sin tener que contemplar la posibilidad de que nuestro oyente nos atribuya razonablemente una determinada actitud discriminatoria. Para mí, este componente normalizador no se desactiva automáticamente por el hecho de encontrarnos en un entorno académico, como puede ser el contexto de una conferencia o una ponencia. El uso o mención de slurs nunca es gratuito; siempre conlleva un coste moral. En algunos casos, este coste moral podría estar justificado, pero no parece ser el caso en contextos de discusión entre expertos en filosofía del lenguaje.

      La propuesta a desarrollar se denomina Presuposicionalismo No Proposicional (en adelante, NPP). NPP se enmarca dentro de la familia de teorías que sitúan el contenido derogatorio en el nivel de significado que se corresponde con lo que se presupone (Cepollaro & Stojanovic 2016; Marques & García-Carpintero 2020). En la mayoría de las teorías presuposicionales de los slurs se mantiene una concepción proposicional de la noción de presuposición, ya que se entiende que el contenido derogatorio es también proposicional por naturaleza. Sin embargo, una de las principales apuestas de esta tesis es mostrar que la mejor manera de dar cuenta del efecto derogatorio de los slurs es concebir el contenido derogatorio como un tipo de contenido presuposicional no proposicional. NPP no es la única teoría presuposicional no proposicional que existe en el mercado. Como veremos, la propuesta desarrollada por Marques y García-Carpintero (2020) explica el contenido derogatorio mediante lo que ellos denominan "presuposiciones expresivas".

      En la filosofía del lenguaje se ha asumido históricamente que toda la información que compartimos a efectos de la conversación es de naturaleza proposicional (García-Carpintero 2015). La tendencia mayoritaria ha sido mantener que el componente del common ground que puede determinar la felicidad de nuestros enunciados es un conjunto de proposiciones. Aceptar una proposición significa eliminar del common ground los mundos posibles incompatibles con su verdad. Es natural que el common ground se entendiera inicialmente solo como el espacio lógico, porque el factor más obvio que determina qué enunciados son aceptables es qué posibilidades están abiertas. Tratar la acomodación de las proferencias de slurs como concerniente a los mundos posibles disponibles es tratar el contenido derogatorio como portador de información locacional (Lewis 1979; Charlow 2014: 639). Esto significa que aceptando esta proposición podemos situarnos en el espacio lógico reduciendo el conjunto de mundos posibles en los que podríamos estar. Desde mi perspectiva, sin embargo, el efecto derogatorio de los slurs no resulta de que nos ayuden a saber en qué mundo posible estamos, por lo que tratar su acomodación como la acomodación de una proposición es insuficiente. La información que lleva consigo el contenido derogatorio es de naturaleza orientacional (véase de nuevo Lewis 1979; Charlow 2014: 639), no locacional. Es decir, lo que hace despectivas a las proferencias que contienen slurs no tiene que ver con que nos digan en qué mundo estamos, sino con que nos digan en qué mundo debemos convertir el nuestro.

      La principal razón por la que creo que esta información es orientacional es porque la información que lleva consigo el contenido derogatorio tiene un carácter práctico. Concretamente, nos dice que menospreciemos a un grupo objetivo por algún aspecto de su identidad. Como veremos en breve, la exposición a la actitud discriminatoria recomendada cada vez que se pronuncia un slurs tiene ciertas consecuencias negativas para los grupos objetivo (sección 2.3). El mundo en el que las proferencias que incluyen slurs nos dicen que convirtamos el nuestro es, por tanto, un mundo moralmente peor que el mundo actual.

      El capítulo 2 expone los desiderata que debe cumplir una teoría del significado de los slurs como la que aquí se presenta. En concreto, la propuesta debe dar cuenta de las características descriptivas, prácticas y semánticas de los slurs, que el capítulo está dedicado a discutir. Se hace especial hincapié en los rasgos descriptivos y semánticos, aunque un rasgo práctico el potencial normalizador de los slurs acabará desempeñando un papel importante en el capítulo 6. Por rasgos descriptivos se entienden aquellos que nos permiten distinguir entre un slur y un mero insulto y explicar por qué la posibilidad de error de hecho surge en el caso del primero y no en el del segundo. Una vez identificados, los rasgos descriptivos nos permiten introducir las contrapartidas neutrales de los slurs, que a su vez nos permiten referirnos al grupo objetivo de una manera no ofensiva, pero también son problemáticos tanto por razones ideológicas como a la luz del argumento anti-disentanglement de McDowell (1981). Sin embargo, para los fines de esta tesis asumo que los slurs tienen contrapartidas neutrales (aunque no las considere neutrales en un sentido profundo) por dos razones. En primer lugar, las necesitamos para especificar lo que se dice cuando proferimos una oración en la que aparece un slur. En segundo lugar, podemos necesitarlas para referirnos al grupo objetivo y señalar la opresión que sufre.

      Entre las características semánticas de los slurs, el capítulo 2 se centra en la non-displaceability, que es la característica que hace que los slurs sean derogatorios en todos los contextos. El análisis de este rasgo nos permite extraer varias lecciones. La primera es la distinción entre la non-displaceability y el perfil de proyección de los slurs, que hace que sus apariciones sean derogatorias independientemente del entorno lingüístico en el que se encuentren. El perfil de proyección de los slurs se deriva de su non-displaceability, pero son dos cosas distintas. La segunda lección es que los contextos no derogatorios no existen y que, por tanto, los slurs no son displaceable. Esto se presenta como una hipótesis en apoyo de la cual se aportan algunos estudios empíricos.

      En el capítulo 3 se clasifican en tres familias las distintas teorías sobre el significado de los slurs que se encuentran en la bibliografía. Estas tres familias son las formadas por las teorías del contenido, las teorías de la fuerza y las teorías deflacionarias. La propuesta que se ha defendido en esta tesis se sitúa dentro de las teorías del contenido y, en concreto, dentro de las teorías que sitúan el contenido derogatorio en el nivel presuposicional del significado. Sin embargo, NPP va en cierto modo más allá de la clasificación presentada en este capítulo, ya que el carácter no proposicional que atribuye al contenido derogatorio la convierte también en heredera del expresivismo, que se ha considerado una teoría de la fuerza.

      El capítulo 4 está dedicado al desarrollo de NPP. Se revisa la noción de presuposición y se exponen algunas de las propuestas que utilizan presuposiciones proposicionales para explicar el contenido derogatorio. Las teorías presuposicionales tienen la ventaja de no tener que identificar la contribución de un slur a las condiciones de verdad de las oraciones en las que aparece con las de su contrapartida neutral. Esto está relacionado con el problema de las contrapartidas neutrales, tratado en el capítulo 2.

      Se presentan dos propuestas presuposicionales no proposicionales: la de Marques y García-Carpintero (2020), que se basa en actitudes reactivas, y NPP, que se basa en ordenamientos de mundos. La diferencia entre estas propuestas radica en la forma en que explican el impacto de las presuposiciones no proposicionales en el common ground. Se defiende como preferible una explicación basada en los ordenamientos de mundos posibles porque esta explicación es más parsimoniosa al menos en dos sentidos: ontológicamente y con respecto a la intervención. Lo primero es porque hablar de actitudes reactivas supone introducir un nuevo elemento en el common ground, donde ya tenemos mundos posibles. Lo segundo, porque una explicación basada en mundos posibles es neutral entre las perspectivas estructural e individual de la intervención.

      Si el capítulo 4 presenta la teoría del significado de los slurs favorecida en esta tesis, el capítulo 5 expone las razones para favorecerla, que tienen que ver con las características semánticas de estos términos. En ese capítulo, sostengo que NPP es especialmente adecuada para explicar la resistencia de los slurs a la cancelación, el rechazo y la retractación. La resistencia de los slurs a la cancelación, que se deriva directamente del perfil de proyección mencionado por primera vez en el capítulo 2, es la capacidad del efecto derogatorio de los slurs para resistir en todos los entornos lingüísticos. Los slurs son también resistentes al rechazo porque ninguna respuesta a una proferencia que los incluya parece capaz de dirigirse a su efecto derogatorio, y a la retractación porque decir "retiro lo dicho " después de pronunciar un slur nunca parece cumplir su propósito.

      Sostengo que el efecto derogatorio de los slurs proyecta porque se debe a su contenido presuposicional, y si parece hacerlo incluso en casos en los que una presuposición no proyectaría es porque hemos interpretado mal los ejemplos: estamos ante casos en los que cualquier presuposición proyectaría, y el carácter no proposicional del contenido derogatorio hace imposible construir el ejemplo que el oponente de las teorías presuposicionales tiene en mente. El carácter presuposicional del contenido derogatorio, por su parte, es lo que hace muy difícil que se convierta en objeto de rechazo y retractación.

      El capítulo 6, por último, se enfrenta a la tarea de ofrecer un argumento filosófico a favor de la hipótesis expuesta en el capítulo 2 de que los slurs no son displaceable. Para ello, primero ofrezco una interpretación factible de la hipótesis contraria, según la cual los slurs son de hecho displaceble. Interpreto que quienes han pensado que hay apariciones no derogatorias de slurs, como Hom (2010), se basan en una distinción entre contextos controlados y no controlados y asumen que los slurs que se pronuncian en contextos controlados no son derogatorios.

      El argumento apela al potencial normalizador de los slurs, que se mencionó en el capítulo 2 como una de sus características prácticas. En concreto, el argumento es que los insultos están imbuidos de potencial normalizador incluso en contextos controlados, en los que cabría esperar que no fueran derogatorios. Si esto es así, los insultos son derogatorios aunque se produzcan en un contexto controlado y, por lo tanto, siempre son derogatorios. Por tanto, los slurs son non-displaceable.

      *** Fear of not being able to speak because we are always going to offend someone has smilingly become a fashionable topic in recent years. This work is a contribution to this debate, but not for the reasons those who have made this fear part of their identity. There is a difference between believing that, in the right circumstances, almost anything we say can be offensive to someone and maintaining that our linguistic activity carries risks on many occasions. In my view, the difference is that, according to the first perspective, it is the audience's sensitivity that is at fault, whereas in the second case the focus is on the harms of our linguistic activity. The ideas discussed in this thesis are motivated by this second perspective. The main arguments that are developed in it are not intended to specify in detail what harms language entails, but to show that there are harms even in situations where we have reasons to believe that there should not be any.

      The object of study of this thesis is slurs and their behaviour. To a first approximation, when an insult is targeted at a person just by virtue of her belonging to a given group, it is called a slur. But my perspective on what counts as a target group requires them to be systematically discriminated against on the basis of their identity traits. The identity traits that have historically been considered susceptible to discrimination have been those related at least to race, gender, religious beliefs and sexual orientation. To be systematically discriminated against means, for the purposes of this work, that one of the elements that make up the identity of the person is an impediment to enjoying a quality of life that seems reasonable to us (Fricker 2007: 27). This is a criterion that is not met by all target groups that are derogated. In my view it makes sense, then, to distinguish between derogatory terms and slurs, for in order for a term to be considered a slur it must not only derogate but also exert oppression (Popa-Wyatt 2016; McGowan 2019). This affects the definition of slur given above. From the position I want to take, it is not enough to say that slurs are characterised as insults that derogate by virtue of belonging to a given group, but that this group must be systematically discriminated against on the basis of some identity trait.

      There is a methodological decision in this work that is partly, but not only, motivated by this conception of slurs. As in previous works (Moreno & Pérez-Navarro 2021a; Moreno & Pérez-Navarro 2021b), there is a conscious decision not to mention any slur. One of the hypotheses I offer evidence for is in this thesis that slurs derogate in every possible context. As we shall see, there are semantic reasons I rely on to explain this idea (section 2.4). However, there are also reasons related to the practical features of slurs (section 2.3) that help me justify this decision. In short, practical features are related to the effects that occur in the conversation and are experienced by the target group due to the exposure to utterances of slurs.

      The evidence I offer to consider slurs derogatory in all contexts is based on their normalising potential. The normalising potential of slurs refers to the ease of subsequent appearances in the course of a conversation of a particular slur that has appeared earlier, without having to contemplate the possibility that our listener might reasonably attribute a certain discriminatory attitude to us. For me, this normalising component is not automatically deactivated by the fact that we find ourselves in an academic environment, such as the context of a lecture or a paper. The use or mention of slurs is never free; it always entails a moral cost. In some cases, this moral cost could be justified, but this does not seems to be the case in contexts of discussion among experts in the philosophy of language.

      The proposal to be developed is called Non-Propositional Presuppositionalism (from now on, NPP). NPP falls within the family of theories that place derogatory content at the level of meaning that corresponds to what is presupposed (Cepollaro & Stojanovic 2016; Marques & García-Carpintero 2020). In most presuppositional theories of slurs, a propositional conception of the notion of presupposition is maintained, since it is understood that derogatory content is also propositional by nature. However, one of the main stakes of this thesis is to show that the best way to account for the derogatory effect of slurs is to conceive of derogatory content as a type of non-propositional presuppositional content. NPP is not the only non-propositional presuppositional theory on the market. As we shall see, the proposal developed by Marques and García-Carpintero (2020) explains derogatory content by means of what they call expressive presuppositions.

      It has been assumed historically in the philosophy of language that all the information we share for the purposes of conversation is propositional in nature (García-Carpintero 2015). The majority tendency has been to maintain that the component of the common ground that could determine the felicity of our utterances is a set of propositions. Accepting a proposition means eliminating from the common ground the possible worlds that are incompatible with its truth. It is natural that the common ground was initially understood only as the logical space because the most obvious factor determining which utterances are acceptable is what possibilities are open. To treat the accommodation of utterances of slurs as pertaining to the possible worlds available is to treat derogatory content as carrying locational information (Lewis 1979; Charlow 2014: 639). This means that by accepting this proposition we can place ourselves in logical space by reducing the set of possible worlds we might be in. From my perspective, however, the derogatory effect of slurs does not result from their helping us know what possible world we are in, so treating its accommodation as the accommodation of a proposition is insufficient. The information carried by derogatory content is of an orientational (see again Charlow 2014: 639), not locational, nature. That is, what makes utterances featuring slurs derogatory does not have to do with their telling us which world we are in, but with their telling us which world to turn ours into.

      The main reason why I believe this information is orientational is because the information carried by derogatory content has a practical nature. Specifically, it tells us to disparage a target group because of some aspect of their identity. As we will see shortly, exposure to the discriminatory attitude recommended whenever a slur is uttered has certain negative consequences for the target groups (section 2.3). The world utterances featuring slurs tell us to turn ours into is thus a morally worse world than the world as it currently is.

      Chapter 2 sets out the desiderata an account of the meaning of slurs like the one presented here should meet. In particular, the proposal should account for the descriptive, practical and semantic features of slurs, which the chapter is devoted to discussing. Special emphasis is placed on descriptive and semantic features, although one practical feature, the normalising potential of slurs will eventually play an important role in chapter 6. Descriptive features are understood as those that allow us to distinguish between a slur and a mere insult and explain why the possibility of factual error arises with the former but not with the latter. Once identified, descriptive features allow us to introduce the neutral counterparts of slurs, which in turn allow us to refer to the target group in a non-offensive way, but are also problematic both for ideological reasons and in light of McDowell's (1981) anti-disentangling argument. However, for the purposes of this thesis I assume that slurs do have neutral counterparts (even if I do not take them to be neutral in any deep sense) for two reasons. First of all, we need them to specify what is said when we utter a sentence in which a slur appears. Secondly, we may need them to refer to the target group and point out the oppression it suffers.

      Among the semantic features of slurs, the focus of chapter 2 is on non-displaceability, which is the feature that makes slurs be derogatory in every context. The analysis of this feature allows us to draw several lessons. The first is the distinction between non-displaceability and the projection profile of the slurs, which makes their occurrences be derogatory no matter the linguistic environment in which they are found. The projection profile of slurs follows from their non-displaceability, but they are two distinct things. The second lesson is that non-derogatory contexts do not exist and slurs are therefore non-displaceable. This is presented as an hypothesis in support of which some empirical studies are provided.

      In chapter 3, the different theories on the meaning of slurs found in the literature are classified into three families. These three families are those formed by content theories, force theories and deflationary theories. The proposal that has been defended in this thesis is located within the theories of content and, specifically, within the theories that place the derogatory content at the presuppositional level of meaning. However, NPP goes in a way beyond the classification presented in this chapter, as the non-propositional character it attributes to derogatory content makes it also a heir of expressivism, which was deemed a force theory.

      Chapter 4 is devoted to developing NPP. The notion of presupposition is reviewed and some of the proposals that use propositional presuppositions to explain the derogatory content are exposed. Presuppositional theories have an advantage in not having to identify a slur's contribution to the truth-conditions of the sentences in which it appears with those of its neutral counterpart. This is related to the problem of neutral counterparts, dealt with in chapter 2.

      Two non-propositional presuppositional proposals are presented: Marques and García-Carpintero's (2020), which relies on reactive attitudes, and NPP, which relies on world-orderings. The difference between these proposals is in the way in which they explain the impact of non-propositional presuppositions on the common ground. An explanation based on ordering of possible worlds is deemed preferable because this explanation is more parsimonious in at least two ways: ontologically and with respect to intervention. The first is because talking about reactive attitudes means introducing a new element into the common ground, where we already have possible worlds. The second is because an explanation based on possible worlds is neutral between structural and individual perspectives on intervention.

      If chapter 4 presents the account of the meaning of slurs favoured in this thesis, chapter 5 states the reasons for favouring it having to do with the semantic features of these terms. NPP is, I argue in that chapter, specially well suited to account for slurs resistance to cancellation, rejection and retraction. Slurs ` resistance to cancellation, which follows straightforwardly from the projection profile first referred to in chapter 2, is the ability of the derogatory effect of slurs to resist in every single linguistic environment. Slurs are also resistant to rejection because no reply to an utterance involving them seems able to target their derogatory effect, and to retraction because saying "I take that back" after uttering a slur never seems to accomplish its purpose.

      I argue that the derogatory effect of slurs projects because it is due to their presupposed content, and if it seems to do so even in cases in which a presupposition would not project is because we have construed the examples wrong. we are looking at cases in which any presupposition would project, and the non-propositional character of derogatory content makes it impossible to build the example the opponent of presuppositional theories has in mind. The presuppositional character of derogatory content, for its part, is what makes very difficult for it to become the target of rejection and retraction.

      Chapter 6, finally, faces the task of offering a philosophical argument for the hypothesis laid out in chapter 2 that slurs are non-displaceable. To do so, I first offer a workable construal of the opposite hypothesis that slurs are in fact displaceable. I interprete those who have thought that there are non-derogatory occurrences of slurs, such as Hom (2010), as relying on a distinction between controlled and uncontrolled contexts and assuming that utterances of slurs taking place in controlled contexts are not derogatory.

      The argument appeals to the normalising potential of slurs, which was mentioned in chapter 2 as one of the practical features of slurs. In particular, the argument is that occurrences of slurs are imbued with normalising potential even in controlled contexts, where one might expect them not to be derogatory. If this is so, then utterances of slurs are derogatory even if they take place in a controlled context, and thus always derogatory. Slurs are hence non-displaceable.


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