Uno de los principales programas militares norteamericanos gestados durante la fase final de la Guerra Fría alcanzó recientemente su cenit. El 8 de abril de 2003, un cohete Titan-401B situaba en órbita geoestacionaria al sexto y último integrante de una familia de satélites de comunicaciones pensados para funcionar durante una guerra nuclear a gran escala. Pero el enemigo soviético ha desaparecido, y con él la filosofía que dio lugar a uno de los más caros proyectos espaciales de la historia.
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