El cierre del Egin era seguramente la noticia más esperada de los últimos años. Triste, por ser un medio informativo; gozosa, por ser en la práctica el cordón umbilical de ETA. Nadie se atrevió a dar ese paso hasta que un juez tuvo las pruebas de conexión criminal sobre la mesa. Quizá solo haya habido un error estratégico en el tiempo: en vísperas de elecciones, HB puede resucitar su querido papel de mártir y beneficiarse de algún voto compasivo
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