Los descubrimientos neurocientíficos sobre la actividad cerebral tienen sin duda un campo de aplicación fundamental en la educación. Sabiendo cómo funciona el cerebro se podrán diseñar sistemas educativos más ajustados al modo como el cerebro asimila más fácilmente el conocimiento. Sin embargo, en este campo el conocimiento que nos proporciona la neurociencia es todavía escaso. A partir de unos ciertos avances o de datos de corto alcance o escasamente probados todavía, ciertos autores han avanzado hipótesis que pretenden aportar claves para un mejor diseño de los sistemas educativos. Estos son los conocidos neuromitos. En esta comunicación defiendo que los conocidos neuromitos de la neuroeducación no son un caso aislado de errores en las explicaciones neurocientíficas. Los neuromitos difundidos a nivel divulgativo, son más bien hijos de lo que podríamos llamar “neuroerrores” que, desgraciadamente, son comunes en las explicaciones neurocientíficas.
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