El vigilante jurado que se llevó 360 millones de pesetas, José María Matás, guardó las sacas de billetes en el cementerio y dijo a un taxista que lo llevara a Perpignan al entierro de su abuela. Matás, ingresado en la cárcel de Sangonera, insiste ante la jueza en que "ya no le queda un duro".
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