El curso político comenzó la semana pasada marcado por la incertidumbre: la fragilidad del Gobierno, el repunte de la inflación, el mantenimiento de un fuerte déficit público en los Presupuestos para 1995 y la indefinición y torpeza de la política antiterrorista, componen un cuadro en el que los pronósticos resultan inseguros. Ni el Gobierno ni la oposición, como tampoco ninguna otra fuerza política, parecen tener capacidad o interés para modificar el inestable statu quo surgido de las elecciones generales de junio de 1993.
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