Barcelona, España
Santo Domingo De Guzmán, República Dominicana
La hipertensión arterial es de las enfermedades más prevalentes en geriatría, siendo también factor de riesgo para enfermedades con ingresos hospitalarios frecuentes como insuficiencia cardiaca e ictus. En este texto se aborda estrategias de diagnóstico y tratamiento tanto farmacológico como no farmacológico, siempre considerando la fragilidad como guía para decidir el tratamiento más adecuado, centrándonos en una prescripción basada en el paciente. A su vez se revisan temas frecuentes como la polifarmacia e hipotensión ortostática. Así como un breve repaso de la evidencia actual en geriatría de monitorización ambulatoria de la presión arterial y automedida de la presión arterial. También un breve repaso de fisiopatología y epidemiologia actual.
Este consenso se basa como punto inicial en que debe incluir una valoración geriátrica integral para saber si una estrategia de reducción de la presión arterial podría resultar en un beneficio neto, para los pacientes de edad avanzada, y no aumentar los riesgos de seguridad, que están asociados a estas estrategias, sin caer en una deprescripción por edadismo, dado la importancia de un buen control de la presión arterial para evitar complicaciones asociadas a esta.
Arterial hypertension is one of the most prevalent diseases in the field of geriatrics and is also a risk factor for pathologies that frequently result in hospital admissions, such as heart failure and stroke. This article addresses both pharmacological and non-pharmacological diagnosis and treatment strategies, focusing on the role of frailty as a guiding principle in determining the most appropriate course of treatment, emphasizing patient-centred prescribing. Furthermore, the article reviews other frequent topics, such as polypharmacy and orthostatic hypotension. Moreover, a concise overview of the current evidence in geriatrics on ambulatory blood pressure monitoring and self-measurement of blood pressure will be provided. Furthermore, a brief summary of the underlying pathophysiology and current epidemiological trends is provided. This consensus is founded upon the initial premise that a comprehensive geriatric assessment should be conducted to ascertain whether a blood pressure reduction strategy could confer a net benefit for elderly patients while simultaneously avoiding an increase in the safety risks associated with these strategies and preventing a de-prescription due to ageism. This is particularly important given the significance of maintaining optimal blood pressure control to prevent related complications.
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