Conseguir una casa más amplia, derribar una pared, hacer la iglesia más grande, reparar un palacio, poner la primera piedra de un convento o de un hospital... Estas son algunas instrucciones que dieron mujeres en el pasado y que configuraron una buena parte de las ciudades en el siglo XVI. Las mujeres mandaron edificar obras de nueva planta, pero también se implicaron en la construcción al reparar, mantener y adaptar un edificio. Imaginemos por un momento que quitásemos del patrimonio andaluz la arquitectura que promocionaron estas mujeres. Nos llevaríamos una sorpresa al ver desaparecer obras tan singulares arquitectónica y estilísticamente como la denominada Casa de Pilatos en Sevilla o la espectacular capilla mayor del Monasterio de San Jerónimo en Granada.
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