Tras la debacle del Imperio Romano, sólo la primitiva organización papal consiguió ser respetada por los pueblos bárbaros sin capacidad para atisbar que los vicarios de Pedro, indemnes en la mitad de la ruina, iban a calcar su poder político. Durante el Imperio Romano comenzaron a florecer numerosas comunidades cristianas, dirigidas por el más anciano del lugar, que fue conocido como Presbítero. Para asegurar la unida doctrinal del cristianismo fue necesario crear una jerarquía capaz de establecer vínculos de obediencia, y apareció la figura del "Papa", nombre con el que fue designado el Obispo de Roma.
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