En el ejercicio de mi labor con las víctimas de violaciones a los derechos humanos, he aprendido a valorar profundamente a quienes se dedican a preservar la memoria histórica, ya sea en mi país, Estados Unidos, en España o en cualquier otro rincón del mundo. Los poderosos, de manera persistente, buscan distorsionar los hechos, sumir en la oscuridad los vestigios del pasado y borrar tanto el rastro de sus crímenes como el de nuestras luchas. Sin embargo, sus esfuerzos están destinados al fracaso. Hay un proverbio que se me quedó grabado de cuando trabajé en Haití: “Bay kou bliye, pote mak sonje”, que se traduce como «Quien da el golpe olvida; quien lleva la cicatriz recuerda»
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