La Casa Ducal de Medinaceli no se encargaba directamente de la explotación de su patrimonio en sus diferentes Estados, sino que disponía de un sistema de arrendamiento de rentas gestionado por oficiales nombrados y controlados por su Casa. Esta administración, cobranza y recaudación de las rentas y alcabalas en El Puerto de Santa María se llevaba a través de la Aduana y Contaduría, cuyo máximo responsable era el receptor de rentas, bajo cuya autoridad se encontraban el escribano de rentas, el tesorero de la Aduana y el fiel, entre otros oficiales. Pese a la distancia entre El Puerto y Medinaceli, en donde los diferentes duques tenían habitualmente su residencia, interesados por el acrecentamiento de su patrimonio mantuvieron un control exhaustivo con los oficiales de su Aduana dictando una serie de Instrucciones y Ordenanzas de obligado cumplimiento para el funcionamiento y administración de sus rentas. En estos mandatos desarrollan una serie de normas y obligaciones de manera detallada, sobre el procedimiento de todas y cada una de sus actuaciones en aquellos asuntos que contribuían al aumento de su hacienda, tales como el cobro de las alcabalas, hacimiento de rentas, penas de cámara, venta de la sal y el vino, arrendamiento de donadíos, etc. Todos los oficiales de su Aduana estaban obligados a mantener una relación continua con la Contaduría Mayor, sita en Medinaceli, a la que darían cuenta de todos los movimientos llevados a cabo. En caso de mala praxis o desobediencia serían castigados con penas pecuniarias sobre su salario, e incluso la pérdida del oficio.
The ducal house of Medinaceli was not directly in charge of the exploitation of its assets in its different estates, but rather had a system of farming out revenue collection managed by officials appointed and controlled by its house. This administration, collection and revenue of income and taxes in El Puerto de Santa María was carried out through the Customs House and Accounts Office, whose head was the recipient of income, under whose authority were the clerk of income, the treasurer of the Customs House and the tithe collector, among other officials. Despite the distance between El Puerto and Medinaceli, where the various dukes usually had their residence, being interested in the increase of their assets, they maintained exhaustive control with the officials of their Customs House, issuing a series of binding Instructions and Ordinances for the operation and administration of their income. In these mandates they develop a series of rules and obligations in detail, on the procedure of each and every one of their actions in those matters that contributed to the increase of their treasury, such as the collection of taxes, farming out revenue collection, court fines, sale of salt and wine, rental of donations, etc. All Customs House officials were obliged to maintain a continuous relationship with the Contaduría Mayor, located in Medinaceli, to which they would report all the operated movements. In case of malpractice or disobedience they would be punished with monetary penalties on their salary, and even the loss of their position.
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