Los trajes de paño y el tinto caliente podrían describir la Bogotá de antaño; aquella que era vestida por el olor del café y el agua de panela, y la cubría un abrigo gris como la neblina para el frío característico de la también conocida “nevera”. El Café Pasaje toma su nombre porque en la década de los años 1930, en lo que conocemos hoy como la plazoleta, existía un edificio con las mismas características de donde está ubicado el café. Convertía este espacio en un espejo, de esa forma tomó su nombre; entre las dos (2) arquitecturas se crea un pasaje, por ese motivo, desde el inicio el café ha llevado este nombre1.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados