Le Bourget 2007 ratificó una vez más que el transporte aéreo atraviesa por una época de bonanza y crecimiento incluso a pesar de los desorbitados precios del combustible, lo que dice mucho a favor de esa industria cuando se recuerda que, hace tan sólo 34 años, una crisis energética tuvo efectos devastadores en ella y creó una nueva cultura que, felizmente, sentó los principios en los que ahora se apoyan tan diferentes resultados. Descendiendo un escalón hasta el nivel de los acontecimientos más noticiables, dos fueron los argumentos que centraron la atención en el salón parisino dentro del ámbito de la aviación civil, uno fue el espectacular paso de Airbus por él, otro la confirmación de que el mundo de la aviación comercial ha decidido por fin dar la cara y afrontar la desinformación existente en general acerca de sus efectos ambientales, tras décadas de mutismo y autocomplacencia
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