Cuando hace ya más de 17 años desde la caída del régimen talibán, el conflicto afgano dista mucho de estar cerrado. El país sigue viviendo una suerte de guerra civil persistente en la que, ni el gobierno legítimo de Kabul, apoyado por gran parte de la comunidad internacional, ni los talibán han logrado imponerse de forma clara y duradera. A día de hoy, parece que ninguno de los contendientes considera factible que el conflicto vaya a finalizar con una victoria militar. Esta realidad ha acabado por abocar a todos los actores directos (el gobierno de Kabul, el de EEUU y los talibán) y a los indirectos (OTAN, Rusia, Paquistán, Irán…) a buscar un final negociado. La tarea no es fácil, dada la dificultad de encontrar una definición aceptable para todos de lo que debe ser el Afganistán que surja de ese acuerdo. Conciliar la República Islámica que propugnan unos, con el Estado Democrático diseñado por la actual Constitución no es tarea fácil. Quizá por ello, más de una década de conversaciones no ha sido suficiente para alumbrar un acuerdo de paz aceptable para todos.
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