Son conocidas las críticas nietzscheanas al aspecto totalizador del filosofar moderno. Ante la racionalidad absoluta, el perspectivismo y el carácter ficcional del pensar se constituyen como nuevas herramientas, que afrontan la carencia de fundamento. Si la realidad del devenir se admite como única realidad, el pensamiento deberá adaptarse a tal forma. La lectura de Nietzsche en el pensamiento de Barthes es clara, incluso si se encuentra deformada (Barthes: 2005). La deconstrucción mitológica de los ‘50 develaba los mecanismos por los cuales opera la Doxa –gran enemigo barthesiano– al cristalizar el pensamiento y naturalizar la cultura y lo social. Primera etapa de filósofo-crítico que debió ser superada en el momento en que el intelectual se convirtió en creador de mito: la paradoxa, que se postulaba para desgranar la opinión común, se espesaba y se convertía, a su vez, en doxa. Desenmascarar el mito (acción que aún supone un fondo) no era suficiente, pues todo análisis dependía de códigos culturales. La pasión por lo real que recubría sus primeras intervenciones críticas debió reformularse. No se podía sostener un trabajo solamente depurativo, guiado por la sospecha de que la única certeza posible es la muerte. De una búsqueda por el advenimiento de la nada, Barthes encontró un nuevo modo de pensar, en el cual el perspectivismo nietzscheano y su dramatización tienen gran repercusión.
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