El año 1924 supone un punto de inflexión en el devenir de la Festa, no solo por las transformaciones musicales, escénicas y litúrgicas operadas, que modificaron su aspecto externo y que veremos a continuación, sino también porque supuso un cambio de mentalidad, una toma de conciencia del valor artístico y cultural que atesora el Misteri. Esta segunda derivada es, si cabe, más importante que la primera porque impregna todo el siglo XX y desemboca en el Misteri que hoy conocemos
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