En el año 1964 tres amigos y vecinos del mismo barrio, José Soto Maciá, de 16 años; Juan Llorens Alonso, de 15, y Alejandro Franco Jiménez, de 13, aficionados al dibujo, nos juntábamos para tomar clases de pintura con el joven pintor ilicitano Tomás Almela Parreño. Un favor que nos hacía por tener cierto parentesco con la familia de nuestro amigo José Soto.
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