Carlos III fue un monarca ilustrado, promotor de las ciencias y las artes, cuyas reformas favorecieron el desarrollo económico y cultural de España.
Sin embargo, aunque no resulte apropiado juzgar el pasado con criterios del presente, su reinado presenta también algún aspecto oscuro, con decisiones que, según los criterios y la moral de nuestra sociedad, son difíciles de comprender e incluso resultan injustificables. Una de estas disposiciones, de haberse llevado a cabo, habría manchado irremediablemente el buen nombre con el que Carlos III ha pasado a la historia, pues se trataba nada menos que de arrojar a las llamas una serie de cuadros de grandes maestros como Tiziano, Tintoretto, Rubens o Durero. ¿El motivo? A ojos del rey, aquellas pinturas resultaban indecentes...
En este breve trabajo, conoceremos el origen y las vicisitudes de estas obras a lo largo del tiempo.
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