El trabajo presenta algunas discusiones respecto a la vinculación entre fotografía y experiencia de enfermedad y los cruces a su vez con la medicina como dispositivo por excelencia para promover modelos de corporalidad deseables. Fotografía y medicina participan en la configuración de vulnerabilidades, malestares y tensiones para quienes no se enmarcan en tales modelos legitimados y sostenidos por éstos. A partir de relatos fotográficos que tienen como protagonistas a mujeres mastectomizadas, repensamos el lugar de las figuraciones de lo monstruoso. En particular, analizamos los relatos de dos pensadoras, quienes a partir de la experiencia con cáncer de mama y la necesidad de intervención quirúrgica, han puesto en escena e interpelado el lugar de la normatividad. Nos referimos a las puestas de Gabriela Liffschitz y Jo Spence, quienes en diálogo, permiten establecer un contrapunto capaz de orientar la discusión política en torno a los límites de lo humano en términos de normalidad/aceptación social. En el caso de Spence, su puesta invita a repensar el desdibujamiento de la identidad, terrorífica y monstruosa, como puede interpretarse. Esta narrativa de la enfermedad, arremete contra la propuesta de Liffschitz, quien estimula a pensar esta experiencia desde un lugar más cercano a la de sujeto de deseo. Si la fotografía de Spencer narra la fragmentación de la identidad, el horror y el desconcierto; Liffschitz emprende una búsqueda diferente que discute con ciertos cánones hegemónicos. Se produce de este modo un contrapunto respecto a cómo pensar el cuerpo enfermo, su geografía y las posibilidades de intervención.
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