La gestión del agua enfrenta desafíos sin precedentes en el contexto actual de cambio climático. Almacenar, transportar y tratar el agua genera millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) al año, no solo derivadas de la energía que se consume para las operaciones, sino también de los procesos físicos y químicos que sufre el agua y en los ecosistemas en los que las compañías operan.
Es vital tener información sobre el ciclo del carbono en los sistemas de agua dulce e identificar los sumideros y las fuentes de emisiones de dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4), un gas 84 veces más potente que el CO2 en los primeros 20 años de vida en la atmósfera.
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